SER JOVEN NO ES DELITO

(AW)La brutalidad con la que la Policía y la Gendarmería “protegen” las inmediaciones de los ferrocarriles no conoce días feriados ni descanso. Se suma un nuevo caso en donde la “perspicacia” de los uniformados apunta sus puños a los jovenes que “portan cara”. Aqui, un relato de la represión en las palabras de una madre de la Zona Sur del conurbano.

Temperley, 25 de diciembre de 2009.

Estimados y estimadas,

Todavía sin haber salido del estupor que me invade debido a lo que voy a contar, quiero hacerles llegar estas lìneas, dado que a través de la divulgaciòn de hechos como éste, creo podemos ayudar a que no se repitan.

Esta madrugada, siendo aproximadamente las 3, mi hijo Lautaro, de 20 años, volvía de la cena familiar de Nochebuerna y se dirigìa a casa de un amigo. Su padre lo acercó en auto hasta la estación de Temperley lado oeste y él cruzó la estación por el puente correspondiente. Sobre la vereda misma, observó que un joven colgado literalmente de un alambre y cubierto de sangre, estaba siendo golpeado con ferocidad por un uniformado y un par de personas màs. Lautaro se detuvo a metros y observó la situaciòn, inmóvil, y permaneció allì unos minutos.

Entonces se acercó a él un grupo de personas con uniforme, que por la descripciòn de botas y pantalón verde claro presumo pertenecen a gendarmería, y le ordenaron a mi hijo tirarse al suelo. Sin mediar explicaciòn le propinaron patadas en las costillas, le pisaron la mano, y cada vez que Lautaro intentaba explicar que él sólo pasaba por allí, la golpiza se acrecentaba. Lautaro dice ademàs que entre sus agresores había particulares y uniformados de seguridad del ferrocarril, que se turnaban para agredirlo. La agresión cobarde duró, según el cree, 10 minutos.

Por lo que Lautaro escuchó de boca de los uniformados, el joven que colgaba del alambre había sido sorprendido haciendo pintadas (digo, no se trataba de un asesino serial).

Ni bien se repuso mi hijo se dirigió acompañado de su padre a la Comisarìa de Temperley, distante a sólo 200 metros del lugar del hecho, donde radicó la denuncia. Allí pudo ver al agresor del chico que pintaba, yendo y viniendo dentro del destacamento.

Al enterarme de lo ocurrido, esta mañana, me dirigí a la estaciòn del ferrocarril para pedir informaciòn acerca del personal de guardia. La persona que me atendiò, un individuo prepotente, ni siquiera accedió a darme su nombre y me sugiriò que recurriera al libro de quejas. Me retiré mostrando mi indignaciòn y seguidamente me apersoné en la comisaria, donde fui recibida por el Comisario, quien se interiorizó del caso y me prometió que se seguiría el proceso pertinente para que la justicia actúe respecto a los responsables de la agresión. Al menos salí de allí con la sensaciòn de haber sido escuchada y con la palabra de que se investigaría.

Muchas cosas me dispara este suceso. La primera es la sensaciòn de desamparo en la que se encuentran nuestros jóvenes, por el sólo hecho de serlo, en especial si “portan cara”. Pienso en la cantidad de chicos cuyas familias no se atreven a reclamar por temor a ser inquiridos y puestos en el lugar de “algo habrás hecho”.

Las marcas que le quedan a Lautaro por suerte no son físicas – fue cuestiòn de azar que no lo golpearan en la cabeza, por ejemplo – pero està asustado, dolido y entrando en el mundo de los adultos con la sensaciòn de que ser jóven es delito.

Lautaro es estudiante de la carrera de Imagen y Sonido de la Universidad de Lanùs, un joven pacífico y dueño de valores como la solidaridad y el compromiso. Nada, con esto quiero pintar un estilo que está en las antípodas de lo que podría ser un chico violento, de éstos que a veces los medios nos muestran bebiendo o peleando entre bandas, chicos que aún así tienen el derecho a ser llevados ante el destacamento respectivo en averiguaciòn de antecedentes, con las garantías que nos brinda la Constituciòn.

No es grave porque le haya pasado a él. La gravedad, me parece, tiene que ver con la sensaciòn de impunidad de una corporación a la que le cuesta terminar de enterarse que los ciudadanos exigimos que se actúe de acuerdo a la ley. Quiero decir, si los que nos cuidan del delito son los que golpean a nuestros hijos porque son jóvenes, estamos en problemas.

Estela Zanlungo

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