La Economía de la violencia II – 30/08/10 –

Es perfectamente legal, todos lo hacen, sólo que algunos son hipócritas y otros, como yo, defendemos el negocio, cuidamos a las chicas para que no las manejen los bárbaros, sería; Regular la prostitución. Que es nada más y nada menos que legitimarla directamente y aceptar un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres: sistema de subordinación y dominación de las mujeres, anulando la dura labor del feminismo de varios decenios, para mejorar la lucha contra la civilización patriarcal. Legitimar la prostitución se convierte en un soporte más del control patriarcal y de la sujeción sexual de las mujeres; efecto negativo sobre las mujeres y las niñas que están en la prostitución, y sobre el conjunto de las mujeres como grupo.

La prostitución reafirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función sería la de estar al servicio sexual de los hombres y así educar a nuestros hijos e hijas con mujeres tras los escaparates como mercancías como futuro laboral de nuestras hijas. El patriarcado exige reglamentar la prostitución y así integrarla a la economía de mercado, siendo una alternativa aceptable para las mujeres: siendo ocioso remover las causas y las “costumbres” sociales que aceptan que las mujeres deben ser prostituidas, normalizando la prostitución para las pobres.

La libertad sexual del varón le permite utilizar la prostitución en su ejercicio de poder y sumisión sobre la “cosa” con la que no tienen que tener ninguna consideración porque al pagar, está a su servicio, cómo objeto de su consumo. La ambigüedad sexual de la civilización patriarcal en las relaciones “sociales y personales”, para no experimentar el perder poder, está imposibilitada de crear relaciones de reciprocidad y respeto. El patriarcado en la prostitución, persigue una experiencia de total dominio y control. En realidad el patriarcado perverso e irresoluble, padece severos y graves problemas con su sexualidad

Es un hecho de poder; seguir así en ésta línea o la mujer intenta otra vía, pero de intentarlo debe derrotar al varón. No tomar el poder le significa, a la mujer, proseguir en el enredo “leguleyo” del varón que abruma con “avances” y elocuencia sobre informes y programas de desarrollo humano.

Las fuertes resistencias contra lo femenino no serían de índole intelectual, sino que proceden de fuentes afectivas; la irresoluble perversión no sublimada y ambigüedad sexual del varón que posee la decisión final en éste esquema, donde lo masculino sigue siendo la ley.

Buenos Aires

Argentina

30 de agosto de 2010

Osvaldo Buscaya

(Psicoanalítico)

Femeninologia

Lo femenino es el camino

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