URGENTE! REPRESIÓN POLICIAL RIO NEGRO – Argentina –

El sábado 26 de febrero de 2011 fue, en cuanto a mis circunstancias particulares, una jornada interesante. Tuve la oportunidad de visitar a un amigo que se encuentra en problemas existenciales, participé de un festival sobre arte y nuevas tendencias, donde me reencontré, luego de un intenso y hermoso verano, con amigxs, compañerxs y alumnxs, gente toda ésta a la que encontré muy bien y con la que compartí momentos agradables. Decidimos luego junto a una amiga festejar el hecho de que ella haya conseguido trabajo en lo que le gusta, tarea bastante ardua para los jóvenes de este país, y festejamos en la casa de una de sus amigas. Más tarde, nos dirijimos a un bar ubicado en la zona céntrica de la ciudad de Neuquén, donde un grupo de amigos tocaba con la banda que conforman, cuya música nos gusta mucho. Luego, de modo independiente, decidí asistir al boliche que en la zona del Alto Valle de Río Negro y Neuquén se autoproclama friendly gay, es decir, lugar donde es bienvenida la asistencia de personas cuya orientación sexual es la que algunos prefieren denominar gay, homosexual, travesti, bisexual, lesbiana, torta, puto, marica, chongo, chonga y toda una lista interminable de palabras como personas existan en el mundo entero; tono que adquiero ya que no entraré en discusiones acerca de etiquetas, por concebir que las sexualidades se viven múltiples, discusión que no hace a los fines de este escrito, aunque sí al trasfondo ideológico de los hechos que viví y a los cuales he de referirme en lo que sigue.

El boliche al que hago referencia contiene, en su interior, a una considerable porción de personas cuyas situaciones sexual, económica y social son heterogéneas. Al mismo tiempo, cuenta con personal de barra y de seguridad, además de personal dedicado a tareas de relaciones públicas, organización interna, animación de la fiesta, etc. Yo me encontraba este sábado en cuestión bastante contento y alegre de haber encontrado amigos y amigas con quienes bailar y disfrutar la noche, como suele hacerse en la clase de lugares destinados a estas cuestiones los sábados por la noche en casi todos los rincones del país, al menos en la mayor parte de los cuales tuve la oportunidad de conocer y frecuentar. En este preciso momento de euforia y alegría, el personal de seguridad a cargo de la entrada y salida al espacio, un hombre pelado y robusto, de piel trigueña, quien me había atendido de excelente manera al momento de mi ingreso al local, me traslada hacia la puerta y sin ningún motivo que me haya informado, y sin tener conocimiento yo de motivo alguno, sin encontrarle un por qué a toda esa situación, esta misma persona reduce mi cuerpo al suelo, trabándome el brazo, y comienza a repetir palabras cargadas de discriminación e intolerancia; fórmulas ritualizadas plenas de odio y resentimiento; mensajes que evidenciaban la homofobia por parte de esta persona. Palabras dignas de los número de humor que muestra Diego Capusotto por televisión, a través de su personaje ficticio llamado Micky Vainilla.

Inmediantamente comienza el espectáculo. Me encuentro consciente todavía, sabiendo que están queriendo hacer de mí algo que no soy; sabiendo que van a inventar después, que muchos se justificarán, que nadie sabrá comprender realmente el trasfondo de tales hechos que ocurren cotidianamente. Pido a la persona que me está agrediendo que no me quiebre el brazo, que me deje tranquilo; grito para que acuda gente. «¿Vos te hacés el vivito, no?», escuchaba. «Vos, que te hacés el vivito». No me hago. Estoy vivo y quiero seguir estándolo.

Luego, este personal de seguridad que acometió sobre mi persona, se comunicó con la policía de la provincia de Río Negro, —policías sí las hay– la cual arribó al lugar luego de aproximadamente veinte minutos. Me esposaron. Se generaron disturbios. El boliche cerró sus puertas. La gente miraba. Todos miraban. Todos pedían que me devolvieran mi libertad. Veía caras conocidas. Porque gritaba, me raspaban la cara contra las piedritas y la tierra de la calle que da a la entrada del boliche.

Flame es el nombre del lugar en cuestión, un boliche que se autoproclama friendly gay y se encuentra escondido tras otro boliche mucho más grande y fastuoso que no se autoproclama nada, pero donde asisten personas cuyo modo de vivir la sexualidad no se encuentra cuestionado, a vivir la tan pretendida normalidad. Interesante fachada. La fiesta transcurre allí dentro de manera glamorosa y alegre, donde travestis y locas de barrio, machos gays y adolescentes con ganas de ser mujer y otros que no, disfrutan y se realizan al menos una vez a la semana en su propia identidad. Pero la fiesta también ocurre como oculta. Hay una máscara muy grande, máscara que oculta que ahí dentro hay gente que mueve las fichas lo suficientemente rápido como para excluir a aquel cuya presencia prefiere evitar. Derecho de admisión, que le llaman, el cual rige la entrada y salida de todas las personas en la mayor parte de los bares, boliches, restaurantes y lugares destinados a las relaciones sociales en las ciudades de nuestro país. Derecho de admisión, sí. Pero también atribución ilegal, fascista y en este caso, homofóbica, de entregar a una persona que pagó su entrada y que estaba divirtiéndose directamente a la policía provincial, sin ninguna clase de motivos, y de que te duerman durante aproximadamente seis horas con un gas pimienta anestésico, y de que te caguen a patadas, y de que te basureen y de que ocurra toda una infinidad de cosas más que gracias al cielo a mí no me ocurrieron porque intenté mantenerme íntegro, aunque a duras penas, en medio de todo lo que estaba aconteciendo. Además soy y seguiré siendo consciente del paradigma ideológico que sostiene todas estas prácticas.

Soy Profesor, profesión ésta cuya representación social es altamente negativa. Pero soy profesor y educo en valores referentes a la libertad y a la autonomía. Educo y aprendo acerca del valor de la palabra y estudio permanentemente cuestiones referentes a diversidad de temáticas que son de mi interés, en las cuales pretendo seguir profundizando. Bailo, canto, escribo literatura y entreno mi cuerpo para expresarme como actor. Participo de talleres de teatro y uso mi cuerpo para decir cosas, no solamente en el entrenamiento teatral sino también cuando bailo en un boliche y en muchas oportunidades en las cuales deseo expresarme desde el cuerpo, como cuando hago el amor o cuando me encuentro alegre o deprimido.

El domingo 27 de febrero de 2011 amanecí dentro de un calabozo, viendo que toda la libertad que llevo dentro, libertad que han llevado dentro de sí tantos otros seres de este país y de este planeta, vi que toda esa libertad ahora estaba encerrada entre dos paredes que forman un pasillo, y entendí tanto.

La libertad está en la mente. De eso no hay duda. Pero acá te quitan la libertad espacial. Desde la pequeña abertura que tenía la puerta del sucio y oscuro calabozo, podía yo ver la ventana del décimo piso de un edificio, justo la ventana del departamento en el que conviven una pareja de amigos junto a su hijo, y entonces sabía que estaba dentro de la órbita de mi gente, de que dentro de todo, las cosas estarían bien. Y además, los policías habían dejado ingresar a un amigo que había ido a averiguar por mí, y que me había hablado en el momento en que yo me encontraba sin poder abrir los ojos debido a la picazón que me había generado la anestesia con la que me habían anestesiado. Estaba seguro de que afuera las cosas se estaban moviendo.

¿Qué es lo que molesta? ¿Por qué un montón de personas vivimos estas situaciones regularmente? No es la primera vez que me ocurre algo así y tampoco es la primera vez que ocurre un hecho de este tipo en esta clase de lugares y en este país. Y si escribo es porque estos hechos merecen, desde mi punto de vista, ser denunciados. Y también porque me gusta escribir. ¿Qué es lo que molesta? Y sobre todo ¿a quién le molesta? ¿Por qué esta persona que me atendió y me recibió de buenas maneras luego desplegó tal espectáculo de violencia y represión sin informarme motivo alguno y sin darme espacio para expresarme? Y todo esto con total rapidez, con total impunidad. No tuve conocimiento del automóvil donde me hicieron ingresar. No tuve conocimiento del lugar adonde fui a parar. Me durmieron durante un buen rato. Supe después que amigxs y compañerxs de militancia, conocidxs de la universidad y de diferentes ámbitos artísticos, habían tomado noticia de todo lo ocurrido y de mi paradero casi al instante, lo cual probablemente haya provocado que me den la libertad hacia aproximadamente la una de la tarde de ese mismo domingo 27 de febrero. Me dirigí al hospital esa mismísima tarde, donde denuncié, con golpes a la vista y con otros dolores que muchos nunca lograrán divisar, todo lo ocurrido. Luego descansé.

La denuncia la radiqué en la Fiscalía Nº 4 de la Cuarta Circunscripción Judicial de la ciudad de Cipolletti, provincia de Río Negro, a los 2 (dos) días del mes de Marzo de 2011. El Expediente es el Nº 272/11F4. La investigación estará a cargo del Agente Fiscal Dr. José A. Rodríguez Chazarreta. Hay fotos y hay testigos. Organizaciones sociales y de derechos humanos me acompañan y les agradezco, porque a muchxs de ellxs lxs conozco ya hace un buen tiempo. Pero es necesario denunciar que es de este modo como opera la desaparición de personas en democracia y en dictadura. Estas son las prácticas con las que han hecho desaparecer a aquellos por los que gritamos «¡presente ahora y siempre!» en las movilizaciones por las calles del Alto Valle y de Argentina.

Pablo Martín Iglesias
DNI Nº 1.270.443

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