Reflexiones sobre el amor romántico, amor libre y represión

El proceso del desamor suele ser muy similar para todas las personas: nos apoyamos en amigxs, nos culpabilizamos, reprochamos a la otra persona, la odiamos, la comprendemos, lloramos etc.
Después de un periodo de reflexión personal aparece la idea de que una sola persona no puede ser el único motivo para levantarte por la mañana, es demasiada responsabilidad, además de que darle todo el amor a una sola persona es jerarquizar sentimientos. Tenemos amigos y amigas, familia(cada unx tiene una idea propia de familia) con los que compartir sentimientos.
Exigir a alguien que permanezca a tu lado aunque te haya mostrado su rechazo es falta de autocrítica que puede derivar en malos tratos, chantajes, desigualdad etc, por lo que debemos despatriarcalizar nuestra forma de relacionarnos. Al igual que ser egoísta también es patriarcal, ya que si solo pensamos en lo que necesitamos, en nuestro propio deseo y nuestros sentimientos invisibilizamos al resto de personas. Suele ser tan duro acabar con una relación como que la otra persona la de por terminada.

Debemos hacer un trabajo personal y colectivo que rechacen la exclusividad (“nunca encontraras a alguien como yo”) y la propiedad con las personas, que limitan el amor o la libertad de decidir, nos llenan de emociones patriarcales, y nos obligan a sufrir. Si considerásemos al amor, como el proceso de compartir el tiempo, la imaginación, de disfrutar con gente que te acompañará y no como una meta no tendríamos nunca la sensación de que hemos perdido algo para siempre. Todo el mundo puede ser querido, afectiva y sexualmente.
Queremos tener derecho al placer sexual, poder elegir con quien/es queremos relacionarnos libremente y en que momento, y que tipo de lazos queremos estrechar.

Como medio para la sociedad anarquista, considero necesario que los aspectos de dominación que nos enseña el Estado y el patriarcado, sean eliminados de nuestras mentes, y no se reproduzcan en nuestros actos. Con las uniones libres (si las queremos), debemos destruir la concepción del amor en el plano domestico, que invisibiliza otras formas de experimentar con nuestro cuerpo y nuestros sentimientos.
Las emociones patriarcales con las que somos educacadxs nos condicionan a la hora de relacionarnos, y desnaturalizar nuestros lazos con otras personas. Cuando compartimos nuestro tiempo o nuestros esfuerzos con una persona de otro sexo, el patriarcado dota esa relación de contenido sentimental, sexual o jerarquiza los sentimientos de una persona sobre la otra, anulando por completo la capacidad de decidir, experimentar y compartir de esas personas, y el propio proyecto en sí. Esto es tan dañino como la limitación en los comportamientos que sufre una mujer, que para ser femenina tiene que aparentar ser frágil y débil, o que el hombre tenga que ser valiente y agresivo, con lo que todo esto supone en cuanto a represión de sentimientos con nosotrxs mismxs, con otras personas y la invisibilización de determinadas prácticas sexuales que se consideran “vergonzosas” o “extrañas” según el sexo con el que hayamos nacido. La masturbación, sexo grupal, tríos, la estimulación anal en mujeres y hombres, etc. Etc., son aun tabú para muchas personas.
Además del plano doméstico, el plano económico (muy relacionado) también nos marca desde que nacemos.
Personalmente no entiendo el sexo como trabajo sino como disfrute, no creo en el sexo alquilado, pero eso es algo que lxs trabajadorxs sexuales, con el amplio debate que supone para todxs (para la sociedad en general) tendrán que decidir como tratarlo.
La dominación y sumisión como juego en la cama es algo que esas personas tendrán que analizar como llevarlo a cabo, pero no hay duda que cuando esos roles se llevan a cabo fuera del plano sexual estamos reproduciendo el patriarcado en nuestro día a día.. El disfrutar pasándolo mal, es un resquicio del sentimiento de culpa cristiano.
En definitiva, el amor propio, experimentar con nuestro cuerpo, decidir con quien queremos compartir nuestros actos, que podamos aceptar el amor hacia otras personas y el amor de esa persona a otras personas nos emancipa de esta sociedad injusta. Así que mejor que no nos quieran mucho, mejor que nos quieran libres!

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