Macky Corbalán: hacia una construcción de la identidad poética

Martes, 18 de noviembre de 2014

NEUQUÉN.- Nacida como Miryam Adriana Corbalán en el auge del Cutral Co petrolero a comienzos de la década de 1960, su primera identidad poética fue Macky Corbalán, de donde mutó a mac, luego a macky poeta. En su última publicación en vida, dijo de sí misma en la contratapa: “macky poeta es una ficción de su autor(aeiou), que también es una ficción, tal como tú: mon semblable, mon frère! Al personaje le tocó (cree que eligió) moverse en este mundo raro como lesbiana, feminista, queer, activista por los derechos de animales no humanos y de las plantas (también se acerca amorosamente a lo inorgánico). Y la poesía, su imprescindible link con el aire que respirar o el aire que respira” (Anima(i)s, 2013). Se trata de un proceso, un procedimiento, continuo de construcción, desarrollo y demolición de la personalidad en el cual ella se corre del lugar protagónico para que la poesía se transforme en el soporte y la guía, en el origen primordial y el destino natural para que la poeta no hable sino que sea hablada.

Con esa cita de la contratapa, Macky Corbalán definía un territorio sin límites ni fronteras, una extensa piel permeable únicamente a la poesía que, desde ese lugar, increpa a los poderes establecidos de la política, la academia, las canonjías, el sistema económico y, por encima de todo, el lenguaje.

Al respecto, en una entrevista que realizaron Luciana Mellado, Mónica Baeza y Jorge Maldonado y apareció en este suplemento (ver Confines, número correspondiente a abril-mayo de 2011), Corbalán decía: “No creo en los límites geográficos, no creo en ningún tipo de límites. Creo que hay límites que se respetan por una cuestión de supervivencia y sobre todo de costumbre, pero no creo en las entelequias del poder. La poesía va a usar todos los disfraces que necesite para seguir operando desde lo subterráneo para socavar el poder”. Por eso concebía una proximidad entre la poesía y la política: “toda poesía es política”.

Tres ejes ordenaron la práctica poética de sus últimos tiempos: ritmo, lenguaje y poder. La poesía los cuestiona esos pues propone un ritmo existencial que le es propio y al que alimenta; hace un lenguaje que a su vez hace a quien habla cuando la intensidad poética es la requerida y suficiente y demuele los criterios establecidos por las buenas conciencias: el patriarcado, la uniformidad, la heterosexualidad; y finalmente, critica el poder, porque la poesía no sólo es alternativa sino que es el cuestionamiento básico (desde lo subterráneo) de todo lo instaurado, de lo normatizado, lo reglado y que pretende imponerse sobre las conciencias y las existencias (para socavar el poder).

La tarea realizada por Corbalán toma como punto de partida la palabra: en su origen, ella trabaja con palabras, pero luego lo hace con imágenes con una guía a través de los textos. Primero está la escritura porque “como ciega, necia y sorda, (la poesía) no me puede decir directamente ‘ey, necesito esto de vos’, te lo indica a través de los textos” (cfr. Entrevista citada). Esa busca se convierte en guía, en senda a seguir y entonces “la poesía me pide escribir versos cortos, con mayor carga de imágenes… y así. Todo a través de la lectura, la poesía y la práctica” y las lecturas de Maurice Blanchot, Nelly Sachs o Paul Celan, por ejemplo.

Este camino tiene su paralelo con una mística de la que no se excluye la contemplación cotidiana y constante. Es una actitud próxima a la del monje que cultiva el Wu Wei: no hacer nada, no dejar nada sin hacer, ni en la vida ni en la poesía, y así asomarse al pensamiento poético puro, un caudaloso y manso río por el cual transcurre la vida, donde la poesía es a la vez el andar y el destino. Es la inacción que deja hacer y que deja hacer-se por el río vital.

Y ese derrotero está marcado por sus libros: su poesía escrita tuvo esa misma evolución, ese igual crecimiento. Desde los inicios deslumbrados con César Vallejo primero y luego con Alejandra Pizarnik y Juan Gelman, Corbalán dio pasos que abrían una multiplicidad de posibilidades. Cada recodo que adoptaba su escritura era una nueva propuesta, y por esa razón un nuevo libro era una sorpresa, en primer lugar para ella misma, y luego para su creciente núcleo de lectores.
Lo interesante, y ella misma lo dijo en frecuentes entrevistas, es que nunca intentó hacer de su camino un modelo para otros poetas. Como a ella le ocurrió con ese ámbito favorable a la expresión de la poesía cada vez más pura, lo enseñó casi inadvertidamente. En la entrevista mencionada, lo explicaba así: “creo, con una heterodoxa fe personal, que no busca evangelizar, en una poesía del momento, conjugada en un continuo presente. No tengo aspiraciones, no tengo objetivos ni finalidad con la poesía. Poesía es sinónimo de vida, de vida en el lenguaje; marca de intensidad suprema en el lenguaje, alejándolo de su ser primero: lenguaje del poder”.

Y también: “mi idea de la poesía, que no predico ni enseño, es que es una marca de intensidad en el lenguaje; como el verde de la planta en el paisaje. Es una forma de transformar el mundo, pero no una forma cualquiera, para mí es la forma, porque se centra en la cuestión del lenguaje. El lenguaje no nos hace humanos, sino el afán por el lenguaje”.

Estos conceptos resultan nodales en su busca. Cierto, desde sus primeros poemas escritos al final de la adolescencia, cuando integró el grupo de escritores editores de la revista Coirón, hubo una progresiva expansión de su conciencia poética. Dejó como la piel de una serpiente la literatura para quedar en la carne viva de la poesía. Para ella, la entre una y otra es la dicotomía existente entre la erudición o la acumulación de cartones, publicaciones o diplomas y la pulsión vital. Fue más allá: planteó que la brecha está dada entre el simulacro y la vibración vital, pero la poesía es eso que opera desde el exterior del lenguaje “como una guerrillera, como una terrorista” y desde ahí ataca lo que es pura representación. Entonces, la poeta, Macky Corbalán, no habla a través de la poesía sino que “soy hablada por ella: la poesía me habla, la poesía me vive”.

Esa convicción tuvo consecuencias: privilegió el contacto intergeneracional, esa red casi tácita que se construyó pacientemente entre los poetas residentes en la Patagonia y que invita a los frecuentes viajes, tanto que muchas veces el intercambio ocurre entre rutas y caminos, lejos de los centros más poblados, como contracara de la municipalización de la poesía en el país (ver nota aparte).
Ella definía esta situación como “capilaridades poéticas” que permitían la formación de comunidades cuya dinámica subvertía las tradiciones, del lenguaje, de la literatura, de los cánones, de lo establecido institucional, y conformaba espacios de encuentro “con sus poéticas y sus encarnaciones”. Estas últimas son citas de una exposición que ofreció en el Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires, hace dos años.

La evolución del poema, desde la narración original hasta la austeridad de los últimos textos tuvo un paralelo: el pensamiento y la práctica militante de Macky Corbalán en las hendijas del poder, para que estalle, para subvertirlo, también tuvo varias pieles: la feminista del principio, la lesbiana luego y más recientemente la que ponía el cuerpo para las (tras)mutaciones donde toda permeabilidad permitía el paso de la única realidad, su madama: la poesía.
Sobre todo, ese proceso de disolución del yo de la autora para dejar que la poesía sea implicó una expansión: ya no el vehículo de la palabra sino la acción que permite intersección de diferentes artes y disciplinas, donde el rectángulo cerrado del libro se abre para salir de los circuitos industriales y comerciales, próximos al poder, y se vuelve a cerrar desde la periferia, desde lo alternativo. Desde la intemperie, el único lugar propicio, el verdadero limo generador.

Selección:
De “La pasajera de arena” (1992)

Acaricio su rostro con el pie.
Su piel es fresca,
aun cuando afuera
puede oírse el alarido del aire
incendiándose.
Ahora interpone su cuerpo
entre la lámpara
y esto que la mira,
entonces la luz es una forma,
una delicada ondulación de la carne,
un eclipse presentido
y esperado por siglos.

Vasca

desviada

desviada
sigo
por el camino correcto

Monet

La mosca sobrevuela, interesada,
la gota de sangre
que brilla sobre el piso mugroso.

Zumba, se posa,
huele
el infierno de la carne.

Poemas de “Inferno” (1999)

Cutral Có

I

Tuvo río sólo por un día. Arrastró
casas, perros y
gente por
kilómetros,
durante un marzo hecho
enteramente
de agua.

II

Un desierto lo rodea.
Por las noches, a un tiempo,
los pequeños animales que
lo pueblan,
abren sus ojos,
y otra luz se hace.

III

La leche por la mañana, las tizas
de colores, las rodillas dolientes, los
árboles sacudidos violentamente
en una tarde marrón de arena
y cardos rusos.
Ben Hur en la tele.
Mi temor al ridículo, sobre
el mantel de una mesa rodeada
de sonrojadas amigas calladas.

IV

Suena fuerte buena música
del terreno vecino. Ellos han sacado
sus sillas al fresco y charlan,
y ríen. Otros días, algo más malos,
se recriminan duramente
las horas opresivas, los hijos
inesperados.

V

Mis padres se amaron
un tiempo razonable. Luego,
se dedicaron a criar a sus hijos,
a trabajar, a pasar los años.
Ahora, teme uno la falta del otro.
Como suelen decir:
lo sobrenatural es
lo más natural.


Poemas del libro “Como mil flores” (2007):

Regalos

1

Te di una piedra, fantástica
combinación de brisa, sol
marino, arena y tiempo
y creíste que te daba el corazón.

2

De apuro, con las ruedas de
la bicicleta apenas detenidas,
trajiste manzanas. Y seguiste
rauda, el camino que no has
de cambiar. Pero, pequeña,
las manzanas eran rojas, brillantes
abrían su corazón dulce al
mordisco, al ansia, a
la sed de mi urgencia.

Frutas e insectos

1
Muerdo el aire en que estuvo
tu boca, el vacío me devuelve
el aliento zumbón de los
muebles que miran, piadosos
el abrazo asfixiante
del rechazo, esta otra piel
que arde sin sol que la toque.

2
¿Te dije o imaginé
decirte: abríme, horadame,
grabá tu nombre en
el revés de la piel?
¿Te dije o soñé decirte:
sé mi hormiga particular,
mi obsesivo insecto,
mi fruta firme, ácida
manzanita?

3
Esperé de vos y de mí
ser una. Contra todos
los augurios y consejos,
que la vida y la muerte
nos tejiera con hilos
de transparente,
indisoluble unidad.

Únicas. Una. Ambas.

No éstas, dos que cruzan la
calle para no saludar.

La llave

La miro con detenimiento,
con fruición. Es diferente: brilla
con luz y oscuridad, su forma
quiso parecer un corazón
pero quedó a la mitad.

Sonríe y mira.

“La llave de mi corazón” decís al
ponerla sobre mi mano,
y vuelvo a mirarla por si fuera cierto,
como si sólo debiera elegir
el momento, el modo de la entrada.

Creer en las palabras, en el
latir que las empuja hasta la dicción,
que lo que dicen es cierto,
de alguna manera.
Creer en lo que se ve, en lo que el cuerpo
recibe, agradecido, y que el sudor deja
más que sal piel adentro.

Antes que la religión, el amor
es materia de fe.


Poemas del libro “El acuerdo” (2012):

Cutral Co

La afinidad es una medida
de distancia, una forma de hermandad
previa a la sangre.
Imposible el adiós, sí su iconografía,
sucesión de imágenes y saludos en manos
agrietadas, quieto lamento
quieto.

Las despedidas también en juegos de la luz.

El pueblo le es fuego, un color
de agua en la memoria.

***

Muchas tardes, sentada en el
carro herrumbrado, esperó bajo
el añoso aguaribay. Prieta
de calor contra los ojos
de flores habitadas por un dios
medio atontado.
Lo que para ella fue revelación, firme
movimiento fue del tío, aplastando
con piedra certera,

el serpenteo
de la cabeza ciega.

***

Soñaba cuando niña, con
un país de lluvias constantes, atronadoras
luces y el cielo negado de la noche
iluminando mi temblor; las manos
bajo la sábana, huyendo de abstracciones
y conceptos como la luciérnaga, sabían
producir luz en contacto con el oxígeno.

***

Dame fuerzas, Tú, quien
quiera que seas: cielo diáfano,
coirón ardiendo en la pampa
helada, sola luz,
luz entrando de pronto en la habitación
cerrada.

***

Un pan bien distinto
al de la biblia, poesía gana
a diario. Restos silábicos que
no alimentan, mantienen en
sobrevida lo que muere
por vivir. La rabia
con que muerdo lo sazona

Poemas de “Anima(i)s” (plaqueta, 2013)

1

la gata bebe
extasiada la sombra
de su rostro

3

suave
pisa extenso
grávida de
ritmo

5

cada paso destituye
al anterior, no
lo suplanta

La danza

1

Una danza el amor, en la que cambia
la coreografía a cada paso. No hay certezas
con los años, las figuras se aprenden
en la práctica, aunque nunca han variado.
No es preciso entender, sólo copiar
la regularidad de su dibujo, hacer
lo que todos: mantenerse en movimiento.

Poema de “La rama” (inédito):

Una mañana, un propósito.
Un mantra que repetir hasta que
se haga ritmo, sanguíneo circular
entre los huesos. Ir y venir, por afuera
cotidiana y confiable, por adentro, bomba
de relojería. Tic tac, el amor tic tac.

***

Poema de “Conversaciones acerca del amor” (inédito):

Estar en el amor es estar
en recogimiento, en la
perseverancia de la escritura:
se escribe para materializar
un infinito irreductible, se ama
por idéntica razón. Un dibujo
de figuras impregnadas de
sentido, formas huecas que
sedimentamos de psiquis e
intenciones. Y las nombramos:
Amor. Nos amamos en él.
La otra está allí como el necesario
refuerzo de la contrafigura.
Pese a todo este desatino, te veo,
todavía sombra, que atraviesa
los párpados cerrados, con su luz.

Publicada en Confines nº 58, Comodoro Rivadavia, octubre de 2014

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