La mujer que a otro amor hoy se asoma

Una mujer no merecía llamarse mujer cuando al amor no se asomaba. Y al asomarse, contemplaba y escuchaba las endechas amorosas del galán, aprendiz del futuro patriarca.

El balcón de insoportables serenatas era la góndola desde la cual era seducida, para luego ser colocada a perpetuidad en el hogar conyugal.
Pero hoy la mujer conoce de otros balcones, sabe que los galanes no son la única aspiración válida, incluso que no son ninguna aspiración.

Se asoma a mil amores, además del romántico y el erótico, que dan cuenta de su presencia en fábricas, universidades, gremios, cortes de ruta, protestas vecinales, ámbitos profesionales, artísticos y políticos. Y no solamente se asoma, sino que interviene, se implica, se compromete, lucha y pelea por aquello que considera bello, justo y bueno.

Esa es la mujer que hoy merece llamarse mujer.

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