Fedra Spinelli

Tu mirada busca las letras, las palabras. Pero hay una barrera en la lectura, una diferencia entre el signo que emite y la señal que recibís en tu cerebro, perdón, en tu corazón. La visión esta alterada. Las cuatro paredes retienen la furia de lo no dicho. Lo que censuraste por amor o por costumbre empieza a germinar impredecible. La vena interna brota y es raíz que se expande a base de sales minerales. El agua lo transporta todo, y todo lo da, te esta llenando el cuerpo de inundaciones. Pero están las paredes, y las sábanas enroscadas, y el resto de lo que había peleando su remota existencia. Todas las batallas te suceden en la piel y casi no lo aguantas. Queda la valija, que aún no cerrás, expectante sobre la cama que aguanto tanto fuego y ceniza. El sin límite del amor, filosa ropa sin destino que todavía no puede despegar. La lavaste, la planchaste, la doblaste para el viaje, pero te faltan lo zapatos y no podes tomar esa decisión, no todavía. Las puntas de tus pies no emiten sonido, silenciosos como en la iglesia, obedientes y recargados, hacen tic tac sobre el boleto de ida.

*****

XII: Dedicatorias —- Adrienne Rich
Sé que estás leyendo este poema
tarde, antes de dejar tu oficina
la de la única lámpara amarillo intenso
y la ventana que se va oscureciendo
en la lasitud de un edificio que se funde en el silencio
mucho después de la hora pico.

Sé que estás leyendo este poema
parada en una librería lejos del océano
en un día gris del principio de la primavera,
débiles copos arrastrados por los enormes espacios
de las planicies a tu alrededor.
Sé que estás leyendo este poema
en una habitación donde demasiado ha sucedido
como para que lo soportes
donde las sábanas se enroscan estancadas en la cama
y la valija abierta habla de huida
pero todavía no podés irte.
Sé que estás leyendo este poema
mientras el subterráneo disminuye la velocidad
y antes de subir corriendo las escaleras
hacia una nueva clase de amor
que tu vida nunca permitió.
Sé que estás leyendo este poema a la luz
de la pantalla del televisor
donde imágenes sin sonido se sacuden y deslizan
mientras esperás la última noticia de la intifada.
Sé que estás leyendo este poema en una sala de espera
de ojos que coinciden y que no se encuentran, de identidad con extraños.
Sé que estás leyendo este poema con luz fluorescente
en el aburrimiento y la fatiga de jóvenes excluidos,
que se marginan a sí mismos, a una edad demasiado temprana.
Sé que estás leyendo este poema con tu vista debilitada,
los gruesos lentes agrandando estas letras más allá de todo significado
y sin embargo seguís leyendo porque hasta el alfabeto es precioso.
Sé que estás leyendo este poema caminando por la cocina
calentando leche, un bebé llorando sobre tu hombro,
un libro en tu mano
porque la vida es corta y vos también tenés sed.
Sé que estás leyendo este poema que no está en tu idioma
adivinando algunas palabras mientras otras te hacen seguir leyendo
y quiero saber cuáles son esas palabras.
Sé que estás leyendo este poema esperando escuchar,
desgarrada entre la amargura y la esperanza
volviendo una vez más a la tarea que no podés rehuir.
Sé que estás leyendo este poema
porque ya no queda otra cosa que leer
ahí donde aterrizaste, desnuda como estás.

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En Febrero de 2010 Fedra anduvo por Neuquén, vino junto a Rodi y Edu, invitados por (8300). En esa oportunidad compartimos actividades, charlas, y en una de esas conversaciones, mate de por medio prendimos el grabador y esto resultó.

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