DE MAESTROS, VOCES Y MARCHAS:

El discurso acerca del sacrificio docente constituye una marca que históricamente ha signado el lugar del maestro y sus prácticas. Desde algún lugar de la conciencia aún suenan ecos de una voz que manda:
Sea apóstol.
Use el pensamiento acostumbrado y el cuerpo disciplinado.
Póngase el hábito del monje.
La obediencia de vida, constitutiva, reza: “obedezca el que obedece y será bueno el que manda”.
Sufra tranquilo que arriba lo espera el paraíso.
Sacrificio, abnegación y valor.
Y si es mujer multiplique todo esto por dos.
Desde los ’90 este discurso ha sido reemplazado por el de la profesionalización docente. Cobró impulso desde la aplicación de la Ley Federal pero continúa vigente en las nuevas agendas. Y es que ahora son otras las voces que nos mandan:
Actualícese.
Haga cursos y complete el cupón para canjearlos por puntaje en la ventanilla del pasillo del fondo.
Agréguele un postítulo a su título, la favorecerá para llegar a la meta.
Compita con su compañero que ahora se llama oponente.
Que su producto sea de calidad.
Mida su rendimiento. Sea competente.
Haga mérito. Califique. Sálvese solo mientras pueda
Sin embargo, en cada huelga, en cada marcha, en el bullicio de cada plaza, otras voces nos hablan. Desde las montañas de San Antonio de los Cobres hasta las tierras de Carlos Fuentealba. Desde la llanura pampeana hasta el bosque chaqueño. Revolucionando nuestros latidos, nos pensamos, nos sentimos y nos nombramos trabajadores.
Betty Jouve

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