De Hombres Acariciadores – Argentina – 13-02-10 –

“Es llamativo ver de qué herramientas comunicacionales se vale la cultura patriarcal imperante para defenderse de los inevitables cambios y movimientos de los lugares estereotipados y cristalizados que ayudan y mantienen el statu quo, (G)” sería una acertada expresión que me lleva a lo siguiente y cuando lo expongo, generaría desde rechazo hasta indiferencia, pero igual lo expresaré:

La irresoluble perversión no sublimada y la ambigüedad sexual del varón que posee la decisión final en éste esquema, donde el macho sigue siendo la ley.

El cambio está en la educación, pero se nos presenta el hecho de que la misma está inserta en el desarrollo de cada civilización y ahí entramos en la “cultura”.

“Cultura” se interpreta desde el sacrificio humano para satisfacer a los “dioses”, la patria potestad que permitía al “varón” hasta matar a un hijo, cercenar el clítoris de las niñas (como se practica aún en numerosos lugares del planeta) y así recorreríamos este trazado “cultural” con otros ejemplos.

Es el hecho del poder.

Ahí se presenta el “asunto”, como tener el poder para educar y que “los varones cambien la cabeza”.

“Sin eso nada sirve”.

No es pretender el matriarcado, sino una genuina igualdad pero no con las pautas que impuso el varón.

Quienes fueron educados y formados para ser represores presentan un problema insalvable, y ahí es donde deberíamos plantearnos, sin ocultarnos, las consecuencias de proseguir sin cambiar las pautas culturales

Si la mujer no interviene activamente en éste momento histórico, no tendremos futuro.

El varón seguirá siendo un represor.

El “varón” represor no permitió desde el principio de la historia la participación de la mujer.

La mujer ha sido y es un objeto y una mercancía para el varón.

Desde el jeque hasta el “varón” más indigente de una favela o villa miseria el comportamiento es idéntico en la utilización del “poder”; sin considerar a la mujer como persona.

Es un hecho “cultural”.

Los perversos con poder, desde un emirato hasta el área de los indigentes, hacen víctimas a quienes son “atrapados” por las “creencias indiscutibles”.

La necesidad de los hombres de controlar a las mujeres ha sido tal, que le ha llevado desde los tiempos antiguos a privarlas de sus valores más fundamentales.

La historia de las mujeres, es decir, de más de la mitad de la humanidad, apenas aparece reflejada en los libros de texto.

Durante siglos ha sido silenciada y tan sólo en algunos casos aparecen personajes femeninos rodeados de un halo de misterio.

La cultura masculina ha tiranizado las relaciones entre géneros imponiendo su autoridad en todos los ámbitos: sociales, religiosos, políticos y culturales.

De ahí que aún hoy día la mujer sufra una constante discriminación que sigue negando la igualdad de derechos con respecto a los hombres.

La tortura de mujeres, tanto en el ámbito doméstico como en el institucional, es una práctica cotidiana.

Atentamente

Lo femenino es el camino

13-2-2010

Osvaldo Buscaya

El desarrollo (de la mujer), su libertad, su independencia, deben de surgir de ella misma, y es ella quien deberá llevarlos a cabo. Primero, afirmándose como personalidad y no como mercancía sexual. Segundo, rechazando el derecho de cualquiera que pretenda ejercer sobre su cuerpo; negándose a engendrar hijos, a menos que sea ella quien los desee; negándose a ser la sierva de Dios, del Estado, de la sociedad, de la familia, etc., haciendo que su vida sea más simple, pero también más profunda y más rica. Es decir, tratando de aprender el sentido y la sustancia de la vida en todos sus complejos aspectos, liberándose del temor a la opinión y a la condena pública. Sólo eso, y no el voto, hará a la mujer libre.

Emma Goldman: la mujer más peligrosa del mundo 1869/1940

Fuente: Red No a la Trata
rednoalatrata@gruposyahoo.com.ar

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