PREFERIMOS EL IDEALISMO

Recuerdo la vez que tuve una conversación, de las que eran frecuentes durante los descansos en el taller gráfico del diario La Nación, con un querido compañero sobre las cuestiones del gremio, y en un momento dado del intercambio de esos pensamientos y reflexiones, me expresó “que el idealismo es el reverso del misterio”, y agregó: “Los que piensan –dijo¬ anulan el misterio y los que se detienen a elucubrar en el misterio, anulan la idea”, y concluyó convincentemente, “prefiero el idealismo”.
Esta frase, que al comienzo me pareció una expresión sencilla, a medida que avanzábamos en la conversación y el análisis sobre los problemas sindicales en el movimiento obrero, fue induciéndome a pensar sobre esas reflexiones que el compañero había vertido, y me daba cuenta que la búsqueda investigativa a través de la reflexión en el intercambio asiduo, no sólo es una expresión teórica rica en proposiciones sino que para corroborarla había que trasladarla en el terreno de los hechos, en la vida misma.

La imaginación es la naturaleza del pensamiento y el enigma la naturaleza del misterio. Y con respecto a estas dos concepciones, debo expresar, que las mismas habilitan otras dos maneras de ver los problemas en el mundo de los trabajadores, dos visiones contrapuestas que en la diversidad de los pensamientos aparecen en un momento determinado. Esas dos visiones tienen la base de sustentación en el “optimismo” por un lado y en el “pesimismo” por el otro. Dos características que se expresan en todos los órdenes de la vida, pero que en el movimiento obrero juegan papeles determinantes.

Las reuniones entre trabajadores en el taller, y también desde luego en las asambleas y los plenarios, reflejan estas dos visiones sobre los problemas y las soluciones. En toda reunión, en toda asamblea y plenarios cuando las opiniones y las voces reflexivas son diversas, emergen las disparidades de criterios y con ellos una tensión entre los diálogos y los pensamientos y en ése “aparecer tensional”, al ser diferentes y contrapuestas ciertas argumentaciones hay quienes se caracterizan por inclinarse hacia una visión optimista sobre un mismo problema y otros, sobre un parecer pesimista del mismo.

Son posiciones de pareceres en el pensamiento, de interpretaciones que tenemos cada uno de nosotros de las cosas y de la vida, que siempre son condicionadas por el medio en dónde se desarrollan los quehaceres de los trabajadores, el recinto en donde se trabaja y el sistema de explotación a los cuales somos sometidos de manera diferente con los condicionamientos creados por una sociedad de jerarquías y obediencias. Algunos ven con mayor optimismo, otros con menor y lo mismo sucede con la concepción pesimista.

Y como el activismo y la militancia obrera son por naturaleza actitudes y actividades optimistas, porque en los tiempos en que se conformaron y las luchas sociales que tuvieron que desarrollar, sin una actitud realmente optimista, su presencia en esas luchas hubiese sido nula. Pero siempre ha existido en el debate entre los trabajadores, actitudes y posiciones pesimistas que ha impedido e impide la organización en los talleres. Independientemente de otros factores que coadyuvan para impedir la organización, como el desinterés o la falta de voluntad, el miedo y la desinformación o simplemente un no compromiso, típico de actitudes individualistas, a pesar de ello, siempre ha sido el optimismo la concepción impulsora en toda obra de activismo y militancia en el mundo de los explotados.

Y esto tiene mucho que ver con la frase del compañero mencionada inicialmente en esta nota, ser optimista es ir en busca de un idealismo posible, y es además sostener que la imaginación combinada con la voluntad puede dar pasos positivos en la lucha por organizar los lugares de trabajo y elevar las con-ciencias, buscar aún mayor conocimientos para descubrir las cuestiones que impiden que la organización obrera pueda instalarse y consolidarse en los lugares donde no existe y sea capaz de establecerse un núcleo de trabajadores activistas y combativos tan útiles y necesarios al conjunto de todos los trabajadores en general. Porque el accionar del activismo obrero es eso, poner en funcionamiento entre los compañeros de trabajo ideas, que en nuestro mundo no pueden estar disociadas de los anhelos y sueños de un ambiente donde los trabajadores dejemos de ser esclavos del capital y los capitalistas y hagamos de nuestras organizaciones horizontales la reproducción en escala menor del mundo en que soñamos alguna vez habitar, el mundo de la fraternidad humana.

Por eso es que la idea y el idealismo es el reverso del misterio, porque ser idealistas es estar definitivamente del lado del optimismo, de los que sueñan, de los que buscan en la imaginación la constitución de una sociedad de iguales ante la vida, porque no existirá construcción social posible donde la Libertad, la Igualdad y la Justicia en derechos y deberes si no es asumida esencialmente en los ideales y en la voluntad de los trabajadores.

El mundo del misterio, el del enigma, es el de la esclavitud y las servidumbres, el de las obediencias voluntarias, se nos presenta y se nos institucionaliza intencionalmente por las clases sociales que sustentan el poder económico y político del capitalismo, y hacen de la propiedad privada un paradigma intocable, no sólo sobre los medios de producción, sino también sobre la cultura, la ciencia y las artes, porque en la sociedad de clases, las ciencias, la cultura y el arte están dirigidas a sustentar al sistema de jerarquías y de la división capitalista del trabajo, son en definitiva parte del sistema de dominación que condicionan nuestras vidas de productores y consumidores siempre sujetos a la noria de sus estrategias y fines.

Esa es en definitiva la naturaleza del capitalismo, y una de sus “razones” nace desde el punto de vista filosófico-conceptual en la expresión de Adams Smith: “Una mano “invisible” es la que regula el mercado y la equidad social”. Un verdadero acertijo como parte del misterio, por el cual nos mantienen adormecidos y dominados.

Los que descubren ideas y edifican ideales anulan el misterio y los que se detienen a pensar en el misterio, anulan los sueños, destrozan y reprimen los deseos. Los anarquistas, abominamos el misterio de lo “invisible”, sean manos o sean dioses, preferimos decidida y conscientemente el idealismo.

Campi.

Domingo 9 de febrero de 2014

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